jueves, 16 de diciembre de 2010

La segunda vez que me robaron

La historia de mis robos constará de tres capítulos 
porque tres fueron los robos ocurridos
a lo largo de toda mi corta vida
¡enjoy!
Habiendo pasado poco más de un año de mi primera experiencia ladronil, era yo una criatura un poco más avispada, pero todavía me faltaba mucho como para reconocer a un malhechor a la distancia -cosa de la que soy capaz hoy día. 

Primer domingo de octubre a la mañana, día de la madre. Eran aproximadamente las 11 am. cuando decidí salir a pasear a mi perra. Mp3 y correa de perro en mano, salí a dar un par de vueltas para alegrarle un poco la existencia al inútil animal que tengo por mascota.
Paso a describir la condición de la indumentaria que llevaba ese día: 
 - Joggineta que supo ser roja en sus épocas mozas.
- Remera color mostaza con letras en marrón que decía "sensuality" ¡jesús!
- Converse negras, desatadas, rotas.
A ésto, sumémosle un caniche toy no cuidado, que parecía más un trapo de piso que un peluche. 
Bajo estas circunstancias de vestimenta, un hombre de aproximadamente 1 m. setenta y algo, de tez oscura, pelo negro, anteojos, gorra, pantalon rollinga negro, y remera y morral también negros, empezó a perseguirme sin que yo me percatara. 
Iba yo muy entretenida caminando al son de la música -como quien vive en una película- cuando me di cuenta que no debía faltar poco para que se vaya la familia a almorzar a lo de mis abuelos, por lo que decidí regresar. En ese preciso momento empecé a notar que el susodicho me perseguía; Ya me había dado cuenta que venía caminando detrás mío, pero no le di importancia porque supuse que estaba yendo a algún lado. Ahora que lo pienso, creo que ese robo fue el más evidente de toda la historia.
Empecé a caminar más rápido para alejarme, pero él hizo lo mismo. Doblé en dirección a mi casa, solamente estaba a tres cuadras de mi domicilio, así que me pensé a salvo. 
Todo pasó en un segundo. Se adelantó un paso, y ahí ví que tenía algo en la mano. Era una navaja. Frenó de repente y me acorraló contra un rincón en una casa. Susurrando "dame toda la plata", me apuntó a la panza con esa navaja increíblemente grande. Presa del terror, y todavía escuchando música me paralicé completamente. Me sacó el Mp3 de un tirón y me dejó los auriculares puestos, pero cuando estaba dispuesto a irse escuché un auto que se aproximaba. Entonces vino el horror. Me obligó a abrazarlo para disimular y tuve que hacerlo. Sin conformarse, metió su mano en la parte de atrás de mi pantalón y de mi ropa interior, y prosiguió a manosearme. La repugnancia que me causaba ese ser alcanzó límites insospechables, lo que me hizo gritar que ya se había ido, que me suelte ya. 
Se fue corriendo y yo fui caminando a mi casa llorando con los auriculares puestos, el perro en una mano y la humillación haciéndome compañía

4 comentarios:

Tom dijo...

Decime quien es que voy y lo fajo.

Y si lo sé... quien lo diria eh...

Pablo dijo...

Ah, pero el perro ese sí que no sirve ni para ladrar el muy turro!

Che, de todas las veces que me robaron no me manosearon nunca... con quién hay que quejarse???

Beso!

Peperina dijo...

Me pasó algo muy similar...

ay algo perverso en los tipos que roban a pendejas...además de hacerte pasar el cagazo de tu vida, está esa necesidad de humillarte sexualmente...

DIOS!

sofía dijo...

Tom: Gracias por el ofrecimiento, pero no me gusta que haya violencia por mi persona (?) Jajaja.

Pablo: Es un caniche toy? que querías que hiciera pobrecita! Lo único que hizo fue intentar librarse de la correa.
Lo del manoseo no lo sé, si querés intento contactar al muchacho éste

Peperina: Me entristece que te haya pasado lo mismo, es una reverenda cagada.