sábado, 30 de octubre de 2010

Federico II

Después de esa primera charla, chatear con Federico empezó a ser un hábito y casi diría una necesidad; Me entretenía, era un cable a tierra. No miento cuando digo que hablábamos -como mínimo- dos horas diarias.
Unos días después, me dejó un mensaje que decía que iba a ir a un lugar demasiado aburrido, que le parecería muy agradable si deseaba entretenerlo, y más abajo estaba escrito su número de celular. Obviamente no dudé en mandarle un mensaje; Y así se nos hizo costumbre también mensajearnos cuando no podíamos estar en la computadora.
No recuerdo cómo, pero unas semanas después decidimos que nos teníamos que ver; Así que nos citamos en un café que nos quedaba como un punto medio a los dos. Como no podía ser de otra manera, yo llegué antes. Creo que soy la persona más puntual que conozco.
Tenía miedo de no reconocerlo, solamente lo había visto por fotos. Como todos sabemos, las fotos mienten. Enorme sorpresa me llevé cuando lo vi y, además de darme cuenta que era él, noté que era muchísimo más lindo en persona. Sinceramente pensaba esto no me puede estar sucediendo.  Entramos al lugar y nos pedimos algo para comer y tomar; Un poco nerviosos, un poco incómodos. Recuerdo que en un momento lo llamaron por teléfono, era un amigo. Cuando alguien habla por teléfono, suelo mirarlo fijo e intento ver cómo es la persona en realidad, sus gestos, todo; Me da la sensación de que en esos momentos muestran realmente cómo son. Naturalmente, él no fue la excepción. ¡Qué lindo era! A cada momento le iba encontrando más y más detalles que, sinceramente, me estaban volviendo loca. Cortó y yo me quedé colgadísima mirándolo, hasta que me di cuenta y miré por la ventana para disimular. Tiempo más tarde le confesé lo que acabo de contar, y me dijo que nunca se dio cuenta.
Soy una persona que tiene la cualidad de crear un ambiente agradable, las personas no se sienten incómodas cuando están conmigo; Pero con Federico fue distinto. Nunca entendí el por qué. En esa primera charla supuse que era obvio que no iba a soltarse, por eso no me importó demasiado. Cinco horas estuvimos metidos ahí adentro hablando de la vida, desde las cinco de la tarde hasta las diez de la noche (que era la hora en que el bar cerraba).

Dos días después decidimos juntarnos de nuevo, y después de una tarde entera juntos, nos dimos nuestro primer beso. El día del Bicentenario fue, 25 de Mayo de 2010. Qué fechas de mierda las que tengo con Federico, nunca me las voy a poder olvidar. 
De ahí en adelante empezamos a vernos más seguido, y le fui tomando mucho cariño. Más del debido.
Él acababa de salir de una relación muy difícil, y yo... yo estaba desesperada por querer a alguien. Estuve mal en dar lugar a que me pasaran cosas con él, pero no lo podía evitar (y tampoco quería). No sé por qué Federico fue tan especial en mi vida, casi no llegué a conocerlo, no me dejó conocerlo.
Aproximadamente tres veces por semana nos juntábamos a merendar en un café, a charlar en mi casa, o a comer facturas y cindor en la plaza. Eran los tiempos que teníamos libres en común, y los aprovechábamos al máximo, realmente lo pasaba muy bien, creo que ambos nos divertíamos mucho. No entiendo por qué, pero le costaba acercarse a mí. Me refiero a que si alguien nos hubiera visto sentados en una plaza, hubiera pensado que éramos amigos en vez de "pareja". La cercanía física entre los dos no existía mucho, y eso sinceramente no me gustaba nada y me ponía incómoda. No insinúo que teníamos que estar pegados como dos adolescentes en celo, lo que pasaba es que este muchacho ya se iba para el otro extremo.

4 comentarios:

Pablo dijo...

Qué buena descripción... creo que la sinceridad de saber en el lugar donde estabas vos sentimentalmente al momento de que todo sucediera está buenísimo! Mucho autoconocimiento.

Ya estoy esperando la 3ra entrega!

Beso!

sofi dijo...

Coincido con Pablo, muy buena descripción! A mi me pasaba algo muy parecido con un ex de hace bastante, yo soy hiper cariñosa y a él hasta le daba verguenza darme un beso en público o caminar conmigo de la mano. Cualquiera habría pensado que eramos amigos, hermanos, primos o cualuqier cosa menos pareja.
Un beso, me encnató tu blog! Voy a pasarme más seguido :)

Fėdė.. dijo...

uh no me digas que mi tocayo se durmió en los laureles? que chabonaso..
ahora quiero ver como sigue la historia, no nos dejés a la muchachada con el misterio ¿?

sofía dijo...

Gracias Pablo. Digamos que soy la sinceridad encarnada en persona; Y eso combinado con mi falta de vergüenza es una combinación jodida jaja.


Gracias sofi. Habría que erradicar de la faz de la galaxia a la gente así- He dicho


Fedi solamente te adelanto que a partir de acá la cosa se pone turbulenta. Hasta creo que te va a dar vergüenza que sea tu tocayo.